
Le pedí a Claude que sonara como yo… y casi publico un plagio sin darme cuenta
Estoy leyendo “Mastering Claude AI”, de Ryan Dickey. El capítulo de prompt engineering ya me lo sabía de sobra, pero el de “Writing and Communication Mastery” —escribir y comunicar mejor con ayuda de la IA— me lo he leído entero, y está interesante. El problema es lo que se me ocurrió hacer con él, y por eso escribo esta entrada: para dejar constancia de un error que casi cometo, y de cómo lo he arreglado.
Lo que hice (y no debí hacer)
Le pasé el capítulo a Claude y le dije: “me he leído esto, ahora hazme un resumen para mi web que mantenga mi tono. Te paso el PDF y textos míos para que lo resumas con mi estilo.”
Me hizo un resumen. Y sonaba a mí, la verdad. Como no me terminaba de convencer del todo, le pasé más relatos míos para que afinara mejor mi voz. Volvió con algo mucho más mío todavía: metahumor sobre la propia escritura, referencias directas a mis relatos, ese punto de mala leche medida que suelo gastar, la obsesión científica filtrada hasta en los ejemplos. Sonaba a mí de verdad.
Y ahí está la trampa: por mucho que sonara a mí, seguía siendo un copia y pega del contenido de Dickey. Había reestructurado sus ideas, sus ejemplos, su orden, y les había puesto mi estilo por encima. Pero el fondo —lo que realmente se estaba diciendo— seguía siendo suyo, no mío. Eso no lo puedo publicar. No es una cuestión de estilo, es una cuestión de a quién pertenece el contenido.
Qué hacer en su lugar
Le pregunté a Claude qué alternativas tenía, y las opciones que me planteó son las que me sirven de guía a partir de ahora:
Reseña o comentario, con cita mínima y atribución clara. Decir abiertamente “me he leído el capítulo X de este libro y esto es lo que me ha hecho pensar”, sin reestructurar su contenido como si fuera propio.
Partir solo de la idea general, no de su estructura. El concepto de “escribir mejor con ayuda de la IA” es de dominio público. Nadie tiene la propiedad de “cuidar el tono” o “revisar en varias pasadas”. Lo que no puedo hacer es calcar su forma concreta de explicarlo.
Escribir directamente mi propia guía, apoyada en mi experiencia real de aula, con mis propios ejemplos. Que es justo lo que estoy haciendo con esta entrada.
Lo que sí me quedo del capítulo
Dicho todo esto, hay una parte del capítulo que me parece realmente útil y que sí quiero compartir con vosotros, explicada con mis palabras y mi experiencia, no copiada:
El sistema de las tres pasadas de corrección. La idea es no corregir todo a la vez, sino en tres rondas distintas:
Primera pasada, estructura: ¿el texto cuenta lo que quería contar? ¿va la información en el orden que tiene más sentido? ¿se nota cuándo cambia la idea?
Segunda pasada, claridad: ¿se pueden explicar las ideas con menos palabras? ¿hay tecnicismos sin explicar?
Tercera pasada, pulido: repeticiones, frases raras. Y esto es clave: leedlo en voz alta. Si suena mal al leerlo, se cambia.
Y algo que para mí es lo más importante de todo: el primer borrador siempre va a estar mal. Siempre. Eso no es un fallo vuestro, es cómo funciona escribir. Primero se escribe, luego se revisa en esas tres pasadas.
Con esto claro, ¿para qué sí uso yo a Claude?
Para hacer tutoriales, por ejemplo, si tengo un texto corto y le pido que me lo desarrolle más, o al revés. Ahí no hay ningún problema, porque el contenido de fondo es mío, solo estoy pidiendo ayuda para desarrollarlo.
Y para lo que voy a hacer con esta misma entrada: coger la transcripción del vídeo que acabo de grabar contando todo este proceso, y pedirle a Claude que la convierta en una entrada de blog bien organizada. Eso no es copiarme de nadie, es interpretar y organizar algo que yo mismo he dicho.
El experimento bueno: escribir algo mío desde cero
Para terminar el vídeo, decidí probar algo distinto: en vez de partir del libro de Dickey, le pedí a Claude que me ayudara a escribir un microrrelato de terror completamente mío, usando como referencia mis propios relatos publicados para calibrar la voz.
La idea me vino sobre la marcha: un profesor aficionado al cine de terror (slashers, tipo Viernes 13) compra un fanzine sobre el género, se le ocurre rodar un corto en su propio instituto, con un profesor como personaje que va matando alumnos según su propio criterio de evaluación. Se lo pedí en primera persona, unas 100-150 palabras, y con mi estilo.
El primer resultado no estaba mal, pero le faltaba algo: no se notaba bien que el profesor hubiera llevado realmente a los alumnos al instituto para rodar el corto de noche. Se lo dije, y Claude lo corrigió añadiendo que convencía a ocho alumnos para quedarse “a rodar unas escenas extra para el trabajo de final de trimestre”. Con eso, el giro final —que la sangre no es de mentira porque los cuchillos son de verdad— ya cobra todo el sentido.
Ese texto no lo voy a publicar tal cual, porque no lo he escrito yo, palabra por palabra. Pero me sirve de punto de partida: la idea es mía, la premisa es mía, y ahora la reescribiré yo, a mi manera, con esto como borrador de trabajo.
La diferencia, en una frase
Usar Claude para reestructurar el trabajo de otro con mi estilo encima sigue siendo su contenido, por mucho que suene a mí. Usar Claude para ayudarme a desarrollar una idea mía, calibrando mi propia voz con mis propios textos, es simplemente escribir con ayuda, que es lo que llevamos años haciendo los escritores con correctores, editores y amigos que nos leen antes de publicar.




