Abrimos MonteIA a la red del centro, en la misma WiFi que usa el alumnado, junto con un código de acceso compartido que no era opcional en ese contexto. Con los dos avisos honestos que hacen falta: es una barrera mínima sin HTTPS, y ROCKY solo atiende una petición del modelo a la vez.
Cerramos la robustez mínima antes de pensar en abrir MonteIA a la red del centro: un límite de 20 peticiones por minuto por IP con slowapi, para que un bucle, un fallo o varias personas preguntando a la vez no colapsen una API que corre sin GPU.
Antes de pensar en abrir MonteIA a más de un ordenador, primera pieza de robustez: un filtro que rechaza mensajes desproporcionados y los intentos más habituales de manipular el system prompt (prompt injection), con el aviso honesto de que es una barrera básica, no una garantía de seguridad.
Revisamos uno a uno los 75 documentos reales del centro y los repartimos en dos carpetas según si son aptos para el RAG o no, con criterios de privacidad y seguridad más allá de si el documento es “público”. De paso, rediseñamos rag.py para que indexe automáticamente lo que haya en la carpeta, sin mantener una lista de archivos a mano.
MonteIA aprende a responder en directo, palabra por palabra, en vez de hacer esperar a que la respuesta esté completa. De paso, contamos un bug de codificación que se coló al implementarlo (tildes convertidas en símbolos raros) y cómo se diagnosticó y arregló.
MonteIA estrena su primer sistema RAG: búsqueda por palabras clave con BM25 (sin embeddings ni GPU) sobre 5 documentos reales del centro, elegidos a propósito por ser de interés general y no contener datos personales, dejando fuera a propósito los documentos sensibles de la carpeta de 75.
MonteIA da su primer paso hacia el conocimiento propio del centro: oferta educativa y calendario reales, tomados de la web oficial, junto a datos de contacto y equipo directivo inventados a propósito para esta versión pública, todo separado en una capa de conocimiento independiente de la personalidad, lista para dar el salto a RAG.
MonteIA estrena nombre, una interfaz a pantalla completa en verde y blanco, y dos personalidades a elegir desde un selector: una formal y otra cercana e informal, con la advertencia recurrente de que está para aprender, no para copiar.








