
METIS 7: por qué te llega la mentira si casi nadie la dice
Para el profesorado, en cuatro líneas
Actividad de 1º de ESO. Un solo archivo, 20 filas, tres columnas, cuatro pasos con METIS y dos multiplicaciones a mano. En METIS no cambia ni una línea de código.
Las actividades anteriores iban de datos sesgados en el origen: alguien elegía a quién preguntar. Esta va de lo siguiente, que es lo que se encuentran todos los días: los datos están completos y bien recogidos, y aun así lo que llega a la pantalla no se parece a lo que dicen los datos. Aquí no hay nadie eligiendo la muestra. Elige el algoritmo, y elige por cuánto se comparte.
Los datos del archivo son inventados. El caso real que cierra la actividad no lo es, y va contado despacio: no como una lista de fechas, sino como lo que es — exactamente la misma trampa que acaban de aprender, hecha por un médico y cobrando.
La pregunta de hoy
Imagina veinte personas escribiendo sobre el mismo tema.
Quince dicen la verdad. Cinco mienten.
Si es así, ¿cómo puede ser que lo que te llega a ti al móvil sea la mentira?
Con veinte filas y dos multiplicaciones lo vas a ver.
El archivo
publicaciones_vacunas.csv. Veinte publicaciones de una red social sobre el mismo tema: si las vacunas causan autismo.
Un equipo de verificadores las ha revisado una por una. Los verificadores son gente que se dedica a comprobar si las cosas que circulan son ciertas. En España los hay: Maldita.es y Newtral, por ejemplo. Miran de dónde sale cada cosa, buscan la fuente original y publican si es verdad o es bulo.
| Columna | Qué guarda |
|---|---|
publicacion | El código de cada una, de V01 a V20 |
comprobado | Lo que dijeron los verificadores: verdad o mentira |
veces_compartido | Cuánta gente le ha dado a compartir |
(Las veinte publicaciones me las he inventado yo. No son reales y no hay datos de ninguna persona.)
Arrástralo a METIS. Verás 20 filas, 3 columnas, ningún hueco. Pulsa Limpiar sin cambiar nada.
PASO 1 — ¿Quién dice la verdad?
| Control | Qué eliges |
|---|---|
| Tipo de gráfica | Recuento por grupo (barras) |
| Eje horizontal (X) | comprobado |
- verdad: 15 (el 75 %)
- mentira: 5 (el 25 %)
La verdad gana 15 a 5. Tres de cada cuatro publicaciones dicen la verdad.
METIS te avisa de que los grupos son muy desiguales, 3.0 veces menos, y te pregunta por qué. Contéstale, que para eso pregunta: aquí la respuesta es fácil y además es buena — porque la mayoría de la gente que escribe sobre esto dice la verdad. Un aviso es una pregunta, no una acusación.
Si el mundo funcionara por recuento, esto ya estaría resuelto.
PASO 2 — ¿Y qué se comparte?
Misma pantalla, cambia esto:
| Control | Qué eliges |
|---|---|
| Tipo de gráfica | Media por grupo (barras) |
| Eje horizontal (X) | comprobado |
| Eje vertical (Y) | veces_compartido |
| Eje vertical: desde dónde | Desde cero |
- verdad: 400 veces de media
- mentira: 8.000 veces de media
Mira la gráfica. La barra de la verdad casi no se ve.
Las mentiras se comparten veinte veces más. No un poco más. Veinte veces.
PASO 3 — Las dos multiplicaciones que lo explican todo
Coge lápiz. Son dos cuentas y las dos son fáciles.
¿Cuántas veces se ha compartido algo verdadero?
Hay 15 publicaciones verdaderas y cada una se ha compartido 400 veces de media:
15 × 400 = 6.000
¿Cuántas veces se ha compartido una mentira?
Hay 5 publicaciones falsas y cada una se ha compartido 8.000 veces de media:
5 × 8.000 = 40.000
¿Cuántas veces se ha compartido algo en total?
6.000 + 40.000 = 46.000
Y ahora la pregunta buena. De esas 46.000 veces, ¿cuántas eran una mentira?
40.000 de 46.000. El 87 %.
PASO 4 — Lee esto dos veces
El recuento dice 15 a 5 a favor de la verdad.
Lo que llega a las pantallas dice 87 % mentira.
Las dos cosas salen del mismo archivo. Las dos son ciertas.
Cinco publicaciones de veinte se llevan casi nueve de cada diez veces que alguien comparte algo de este tema.
Tú nunca ves el recuento. Nadie te enseña una lista con las veinte. Tú ves lo que se comparte.
¿Y por qué se comparten más las mentiras?
Esta es la parte importante del día. Piénsalo tú antes de seguir leyendo.
Hay cuatro motivos. Ninguno es complicado.
Motivo 1: la mentira se puede elegir. La verdad no.
Lee estas dos frases:
A) «Las vacunas son seguras. Se han estudiado en millones de niños y no causan autismo.»
B) «Le están inyectando algo a tu hermano pequeño que puede hacerle daño de por vida. Y no te lo cuentan.»
¿Cuál compartirías?
La A no te sorprende, no te asusta y no te enfada. La lees y sigues bajando. La B te da un vuelco. La B la mandas al grupo de la familia antes de terminar de leerla.
Y ahora fíjate en la trampa de verdad:
Quien escribe la mentira puede escribirla como quiera. Puede probar diez versiones y quedarse con la que más miedo dé. Puede elegir la palabra que más rabia produzca. Puede poner una foto que impresione.
Quien cuenta la verdad no puede elegir. La verdad es la que es. No se puede hacer más emocionante sin dejar de ser verdad.
Es una carrera injusta desde el principio: uno de los dos corredores puede elegir sus zapatillas y el otro no.
Motivo 2: la mentira se comparte «por si acaso»
Esta te va a sonar:
«No sé si será verdad, pero por si acaso lo mando.»
Piénsalo un segundo. Nadie manda una verdad “por si acaso”. Una verdad la mandas cuando estás seguro. La duda, en cambio, empuja a compartir: si es mentira no pasa nada, y si es verdad he avisado.
Pues sí pasa. Eso es exactamente lo que hace que un bulo se extienda. Cada persona que lo manda «por si acaso» le regala cien personas más.
Y hay una versión todavía más tonta que también conoces: «reenvía esto a diez personas». Cuando un mensaje te pide que lo reenvíes, ese mensaje está diseñado para reenviarse. No para ser verdad. Para reenviarse.
Motivo 3: alguien gana dinero
Cada vez que compartes algo, ese algo llega a más gente. Más gente son más visualizaciones. Y las visualizaciones dan dinero a quien las tiene.
Así que hay personas cuyo trabajo, literalmente, es escribir cosas que se compartan mucho. Si es verdad o no, no forma parte de su trabajo.
Y hay una versión peor, que vas a ver en el caso real del final: a veces quien te asusta con un problema es quien te vende la solución.
Motivo 4: el que reparte no lee
Esto sorprende a casi todo el mundo.
La aplicación que te enseña los vídeos no sabe si lo que enseña es verdad. No puede saberlo. No hay nadie leyéndolo.
Lo único que mide es si la gente se para a mirar, si comenta y si comparte. Cuando algo consigue eso, la aplicación lo enseña a más gente todavía, porque para eso está hecha.
O sea: el sistema no premia lo que es cierto. Premia lo que consigue reacción. Y ya has visto en el motivo 1 cuál de los dos está diseñado para conseguir reacción.
La conclusión de los cuatro
Vuelve a los números del paso 3. Cinco personas de veinte. Nada más.
La mentira no gana por mayoría. Gana por velocidad.
No hace falta que mucha gente mienta. Basta con que lo poco que se miente corra veinte veces más rápido.
Cuidado, que hay una conclusión fácil y también es falsa
Antes de seguir, esto:
Que 15 de 20 digan la verdad NO es lo que hace que sea verdad.
Si mañana lo dijeran al revés, 19 mintiendo y 1 diciendo la verdad, la mentira seguiría siendo mentira. La verdad no se vota.
Lo que decide no es cuántos lo dicen. Tampoco cuánto se comparte. Lo que decide es que alguien haya ido a comprobarlo.
Los números de hoy te explican por qué te llega una cosa u otra. No te dicen cuál es verdad. Para eso hay que ir a mirar.
Así que vamos a mirar.
Lo que pasó de verdad
Aquí se acaba lo inventado. Todo lo que viene ahora pasó.
1998: un artículo
Hay unas revistas, llamadas revistas científicas, donde los médicos y los investigadores publican lo que descubren. Antes de publicarte, otros expertos revisan tu trabajo. No es perfecto, pero es lo mejor que tenemos. Una de las más importantes del mundo se llama The Lancet.
En 1998, un médico británico llamado Andrew Wakefield publicó en The Lancet un artículo que decía que la vacuna triple vírica —la que protege del sarampión, las paperas y la rubeola— podía estar relacionada con el autismo.
Aquel artículo estaba hecho con doce niños.
Doce.
Por qué doce niños no sirven para saber eso
Aquí hay que pararse, porque es la parte que casi nadie explica.
El autismo existe, se pongan vacunas o no se pongan. Hay niños autistas desde mucho antes de que existiera esa vacuna.
Y como en un país casi todos los niños están vacunados, entonces casi todos los niños autistas están vacunados. Eso es verdad y no demuestra absolutamente nada. Casi todos los niños autistas también han comido pan, y a nadie se le ocurre decir que el autismo lo causa el pan.
Entonces, ¿cómo se sabe si una vacuna causa algo o no?
Comparando. Coges un montón de niños vacunados y un montón de niños sin vacunar, y miras si hay más autismo en un grupo que en el otro. Si sale igual en los dos, la vacuna no tiene nada que ver.
Y para comparar, hacen falta muchísimos niños. ¿Por qué? Porque el autismo no es tan frecuente. Si coges doce niños, a lo mejor no hay ninguno autista, o hay uno. Con uno no puedes comparar nada: ese único niño puede ser casualidad.
Con doce niños no se puede comparar nada de nada. Ni siquiera se intentó.
De dónde salieron esos doce niños
Y ahora viene lo que convierte esto en la misma trampa que hiciste en la actividad anterior.
A esos doce niños no los eligió al azar. Los buscaron.
Un abogado llamado Richard Barr estaba preparando un juicio contra los fabricantes de la vacuna. Barr contrató a Wakefield pagándole 150 libras la hora. Y después de contratarlo, entre los dos buscaron a los doce niños.
¿Dónde los buscaron? Entre familias que ya estaban convencidas de que la vacuna era la culpable, a través de grupos que ya hacían campaña contra ella.
Léelo otra vez. No es un médico que atiende a doce niños y se da cuenta de algo raro. Es un médico contratado para un juicio que va a buscar exactamente a los doce niños que le sirven.
Es lo mismo que hizo la empresa de bebidas de la actividad anterior: preguntar solo donde le convenía. Y luego no contarlo.
Quién le pagaba
El periodista Brian Deer se puso a investigarlo y en 2006 destapó lo siguiente:
- A Wakefield le habían pagado 435.643 libras, más gastos, unos abogados británicos.
- Wakefield tenía la patente de una vacuna rival contra el sarampión. Es decir: si la gente dejaba de fiarse de la vacuna que había, la suya podía ocupar su sitio.
- Y según lo que se destapó, calculaba que podía ganar más de 43 millones de dólares al año con unos kits de diagnóstico relacionados con todo aquello.
Nada de esto lo contó en el artículo.
Acuérdate de la pregunta número 3 de la actividad anterior: ¿quién gana si sale ese resultado? Aquí la respuesta era: él.
Cómo acabó
- Febrero de 2010: The Lancet retractó el artículo. Retractar significa que la revista dice oficialmente: esto no vale, lo retiramos, no debió publicarse nunca. Es lo más grave que le puede pasar a un artículo científico.
- 28 de enero de 2010: el organismo que decide en el Reino Unido quién puede ejercer de médico lo declaró culpable de cuatro cargos de deshonestidad y de doce cargos por el trato dado a niños con discapacidad del desarrollo. Les hizo pruebas médicas que no necesitaban, sin el permiso del comité de ética que tiene que autorizarlas. El artículo decía que sí tenía ese permiso; un tribunal británico dictaminó en 2012 que esa frase era falsa.
- 24 de mayo de 2010: lo expulsaron del registro médico. Ya no puede trabajar de médico.
Y lo que se comprobó después
Cuando salta una alarma así, aunque venga de un artículo malo, hay que comprobarla. Se comprobó. Muchas veces y con muchísimos niños:
| Estudio | Cuántos niños |
|---|---|
| El artículo de Wakefield (1998, retractado) | 12 |
| Estudio danés (2019), con diez años de seguimiento | más de 650.000 |
| Metaanálisis (2014) | más de 1.250.000 |
| Revisión Cochrane (actualizada en 2020-2021) | unos 14.700.000 |
(Un metaanálisis y una revisión son trabajos que juntan muchos estudios distintos y miran todos los resultados a la vez.)
Ninguno encontró relación entre la vacuna y el autismo. La revisión Cochrane, que es la más grande, lo dice así: “no credible evidence of an involvement of MMR with either autism or Crohn’s disease” — ninguna prueba creíble.
Doce niños buscados a propósito, contra catorce millones setecientos mil.
Ponle nota tú
Coge las cinco preguntas de la actividad anterior y contéstalas sobre el artículo de 1998:
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| ¿A cuánta gente se estudió? | A doce niños |
| ¿A quién se eligió y cómo? | Buscados entre familias que ya estaban en contra |
| ¿Quién gana si sale ese resultado? | Él: 435.643 libras y una vacuna rival propia |
| ¿Falta alguien que debería estar? | Todos los niños sin vacunar. No había con quién comparar |
| ¿Se puede ver y comprobar? | El artículo fue retractado y su autor, expulsado |
Las cinco fallan. Las cinco.
Y aun así, veintiocho años después, sigue circulando. Ya sabes por qué: no circula lo que más se ha comprobado. Circula lo que más se comparte.
Qué hacer para no tragártelo
A las cinco preguntas de la actividad anterior, añade estas tres. Estas son para el móvil.
6. ¿Esto lo ha comprobado alguien, o solo se ha compartido mucho? Son dos cosas distintas. Muy distintas.
7. ¿A cuánta gente se estudió? Doce, o catorce millones. Busca el número. Si no lo dicen, ya sabes algo.
8. ¿Quién gana si me lo creo? ¿Vende algo? ¿Vive de las visualizaciones? ¿Tiene un juicio de por medio?
Y la regla que las resume:
Que algo se comparta mucho no lo hace verdad.
A veces se comparte mucho precisamente porque es mentira.
Si acabas pronto
Vuelve al perfil que sacó METIS al abrir el archivo y busca la columna veces_compartido:
- media: 2.300
- mediana: 475
La media dice 2.300 y la mediana dice 475. Casi cinco veces de diferencia, con los mismos veinte números.
¿Por qué? La media se calcula sumándolo todo y repartiendo entre veinte, así que las cinco mentiras, que tienen números enormes, tiran de ella hacia arriba. La mediana es otra cosa: ordenas los veinte números de menor a mayor y coges el del medio. A ese no lo mueve un número gigante, por gigante que sea.
Ahora imagina un titular que diga: «una publicación sobre vacunas se comparte 2.300 veces de media». Es verdad. Y engaña. Ya sabes cuál de los dos números habrías tenido que pedir.
La tabla, dentro del programa
Estas son las 20 publicaciones tal cual están escritas en generar_publicaciones_vacunas.py. No hay ninguna operación ni ningún número aleatorio: están puestas una por una.
# La tabla, escrita a mano. Cada fila es:
# (publicacion, comprobado, veces_compartido)
#
# 'comprobado' es lo que dijeron los verificadores despues de mirarla.
# El orden esta mezclado a proposito: si las cinco mentiras vinieran juntas
# al final, no habria nada que buscar.
PUBLICACIONES = [
("V01", "verdad", 1200),
("V02", "mentira", 12000),
("V03", "verdad", 300),
("V04", "verdad", 450),
("V05", "mentira", 6000),
("V06", "verdad", 120),
("V07", "verdad", 900),
("V08", "verdad", 15),
("V09", "mentira", 10000),
("V10", "verdad", 600),
("V11", "verdad", 250),
("V12", "mentira", 4000),
("V13", "verdad", 700),
("V14", "verdad", 30),
("V15", "verdad", 400),
("V16", "mentira", 8000),
("V17", "verdad", 180),
("V18", "verdad", 500),
("V19", "verdad", 5),
("V20", "verdad", 350),
]
Para volver a generar el archivo:
python generar_publicaciones_vacunas.py
Sale siempre idéntico, porque no hay azar en ninguna parte. Antes de escribir nada, el programa comprueba que la actividad se cumple —que son 15 y 5, que las medias son exactamente 400 y 8.000, y que la razón entre las dos es exactamente 20— y si algún día alguien cambia un número y rompe el ejercicio, se para y dice por qué.
Las medias salen redondas porque las he cuadrado yo. En datos de verdad no salen así, y eso también hay que decirlo en clase.




