
Chismes del Lince 65: simulador de bulos
Esa mañana, en Sierra Bermeja, el Lince de la Noche recibió un mensaje reenviado catorce veces: «URGENTE: el Lince de la Noche es un robot. Lo dice todo el mundo, compártelo». Cuando lo abrió, ya lo habían compartido sus vecinos, el pastor y hasta la panadera.
—No soy un robot —dijo el Lince, mirándose las patas—. Soy un lince. De carne, hueso y bigotes.
—Ya lo sé —respondió la Gata Montesa, sin levantar la vista del móvil—. Pero fíjate en lo interesante: nadie ha preguntado «¿dónde está la prueba?». Un bulo no necesita ser creíble, solo necesita viajar.
—Pues lo desmiento ahora mismo.
—Espera. Antes de desmentir, ¿no prefieres entender por qué unas personas se lo creen, otras lo comprueban y otras lo reenvían sin leerlo? Podemos construir un simulador de bulos y probarlo con cientos de personas virtuales.

Introducción
En este chisme construimos un simulador de bulos: una red de personas inventadas, unidas por conocidos, donde un bulo inofensivo («el Lince es un robot») empieza en una persona y se va extendiendo. Tú decides cómo son esas personas y qué hacemos para frenarlo. Todo ocurre en tu navegador: no se envía ningún dato a ningún sitio.
Juega con el simulador de bulos
Pulsa «Lanzar el bulo» y mira cómo se tiñe la red. Puedes jugar aquí mismo o abrir el simulador de bulos a pantalla completa.
Por qué un simulador de bulos
Un bulo es información falsa que se difunde como si fuera cierta. Se parece a una epidemia: pasa de persona en persona. Por eso, igual que hicimos con el incendio forestal o con el depredador y la presa, lo estudiamos con un modelo por agentes: cada persona es un agente con sus reglas y miramos qué pasa cuando hay muchas.
Y se aprende algo que cuesta ver mirando solo un caso: un bulo no se hace viral siempre. A veces muere enseguida; otras veces arrasa. Para saberlo hay que repetir el experimento muchas veces, como en la ciencia de verdad.
Cómo funciona
La red tiene entre 100 y 600 personas repartidas en grupos o «burbujas», con más amistades dentro del grupo que fuera. Hay unas pocas personas con muchísimos contactos: los influencers. Cada persona puede estar en uno de cuatro estados: no lo ha visto, lo difunde, lo creyó pero se cansó, o comprobó que era falso.
Cuando alguien recibe el bulo, ocurre una de estas cosas:
- Verifica. Depende de su hábito de verificar. Si lo comprueba, lo descarta y además puede avisar a sus contactos.
- Se lo cree y lo comparte. Depende de la fuerza emocional del bulo y de su formación científica: cuanta más formación, menos probable.
- Se cansa. Con el tiempo deja de difundirlo.
Y hay un parámetro delicado: el apego al grupo. Si el bulo «encaja» con lo que piensa su grupo, a esa persona le cuesta más comprobarlo y la formación la protege menos. No hay partidos ni ideologías en el simulador: lo que modelamos es algo humano, que nos pasa a todos cuando una noticia nos cuadra con lo que ya pensamos.
Verificar es hacer ciencia
La Gata Montesa lo resumió así: «Cuando alguien comprueba antes de creer o de compartir, se comporta como un científico: busca evidencias que se puedan verificar y, si no las hay, no da nada por demostrado».
Esa es la idea central del chisme. La formación científica ayuda, pero lo que realmente protege es el hábito de verificar. Tampoco hace falta ser científico profesional: basta con preguntarse quién lo dice, qué prueba aporta, si otra fuente fiable lo confirma y si se puede comprobar. Sin pruebas verificables, no está demostrado.
Qué nos enseña el simulador de bulos
Con los valores por defecto, en 30 redes distintas de 300 personas, el bulo llegó a creerlo de media el 31 % de la gente y se hizo viral (más del 25 %) en 23 de ellas. Son resultados de este modelo, no de la realidad, pero dejan ideas para investigar:
- Subir la formación de todos del 0 % al 100 % bajó el alcance del 44 % al 13 %.
- Subir el hábito de verificar del 0 % al 100 % lo bajó del 67 % al 6 %: protege más que la formación.
- Con formación del 70 %, si el bulo encaja con el grupo, lo creyó el 26 % de la gente; si no encaja, el 6 %. La formación protege menos cuando entra en juego la identidad.
Las cuatro intervenciones
- Pausa antes de compartir: unos segundos de reflexión hacen que parte de las personas verifiquen.
- Publicar un desmentido: se extiende por la red, pero llega menos que el bulo.
- Formación para todos: sube la formación de cada persona.
- Los influencers verifican: los nodos con más contactos dejan de ser autopistas del bulo. Para probarlo, sube antes el porcentaje de influencers.
Pruébalas durante el bulo y mira la gráfica. ¿Cuál frena más? ¿Cuál llega tarde?
Para el aula
- Antes de tocar nada, escribe una hipótesis: ¿qué crees que protegerá más, la formación o el hábito de verificar?
- Usa «30 redes con estos ajustes» y apunta cuántas veces se hace viral. ¿Por qué un solo experimento no basta?
- Haz un barrido de una variable y descarga el CSV. Represéntalo en una hoja de cálculo.
- Con «¿Protege la formación?», compara apego bajo y alto. ¿Qué significa para tu vida real?
- Discute: ¿qué hace falta para dar algo por demostrado? ¿Qué es una evidencia verificable? ¿Y una fuente fiable?
- Busca un bulo real ya desmentido y rastrea cómo se comprobó.
Retos
- Reto 1: consigue que el bulo no llegue ni al 5 % de la gente cambiando solo dos parámetros.
- Reto 2: encuentra la combinación que lo haga viral casi siempre.
- Reto 3: en el código, añade un quinto estado o cambia la regla de las pausas.
- Reto 4: convierte esto en una pequeña investigación: pregunta, hipótesis, experimento y conclusión.
Qué hemos aprendido
Un bulo no es magia: se difunde por reglas sencillas que podemos medir. Lo que más nos protege no es saberlo todo, sino la costumbre de comprobar. Y para que algo esté demostrado hace falta una prueba que se pueda verificar. Si quieres saber más sobre el fenómeno, la Wikipedia tiene una buena introducción sobre los bulos.
El Lince ya desmintió su propio mensaje, con pruebas. La panadera, por si acaso, le pidió una foto de sus bigotes.



